Junior fue práctico, sólido y contundente en ambos partidos de la final. En el Manuel Murillo Toro soportó el arranque intenso de Tolima y golpeó en el momento justo con un remate cruzado de José Enamorado, la gran figura de la serie, que volvió a marcar diferencias por las bandas.
El gol tempranero apagó el ímpetu del equipo ‘pijao’, que nunca encontró claridad pese a su insistencia. Ni la presión, ni el empuje de la tribuna, ni la expulsión de Paiva lograron inquietar a un Junior ordenado, disciplinado y firme en todas sus líneas.
En el segundo tiempo, el equipo dirigido por Arturo Reyes administró la ventaja sin sobresaltos. La experiencia y el equilibrio pesaron más que el ímpetu local, sellando un título justo para el mejor equipo de los cuadrangulares y una celebración anticipada del Carnaval en Barranquilla.
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