Investigaciones recientes relacionan la gravedad lunar con leves cambios en la presión del aire que, bajo ciertas condiciones, podrían modificar la probabilidad de precipitaciones. Según expertos, cuando la Luna se ubica más alta en el cielo, las lluvias pueden disminuir ligeramente, aun cuando la atmósfera mantiene niveles normales de humedad.

 

En el sector agrícola, estas observaciones no son nuevas. El calendario lunar ha guiado durante generaciones la siembra, la poda y la cosecha. Desde Agrosavia, el investigador David Vásquez explicó que las fases lunares inciden en el movimiento de la savia dentro de las plantas: en luna llena se concentra en las partes altas, favoreciendo floración y frutos, mientras que en luna nueva o menguante se dirige a las raíces, momento ideal para tubérculos y podas.

 

Productores tradicionales también aplican este conocimiento en cultivos de madera y guadua, buscando mayor resistencia y menor deterioro.