La luna se convierte en aliada silenciosa del campo colombiano
Productores siguen usando sus fases como guía para mejorar siembras, cosechas y manejo de cultivos.
En distintas regiones del país, el calendario agrícola no solo se marca por las lluvias o las temporadas, sino también por el cielo. Las fases lunares siguen siendo una referencia práctica para campesinos que buscan optimizar sus cultivos a partir de conocimientos tradicionales que han pasado de generación en generación.
De acuerdo con expertos citados por Agronegocios, la influencia de la luna estaría relacionada con la humedad del suelo y los movimientos internos de las plantas, factores que pueden incidir en el desarrollo de los cultivos. Esta conexión ha llevado a muchos productores a planificar sus labores agrícolas con base en cada etapa lunar.
Por ejemplo, durante la luna creciente, se prioriza la siembra de alimentos que crecen sobre la superficie, como el maíz, el tomate o las leguminosas, ya que se considera que en esta fase las plantas fortalecen sus tallos y hojas. En contraste, la luna llena suele aprovecharse para recolectar cosechas, buscando conservar mejor las condiciones de frescura y sabor de los productos.
Cuando llega la luna menguante, las labores cambian de enfoque. Es el momento ideal para sembrar tubérculos como papa, yuca o zanahoria, además de realizar podas y controlar malezas. Mientras tanto, la luna nueva se asocia con tareas de preparación del terreno y mantenimiento general de los cultivos.
Aunque estas prácticas no siempre cuentan con respaldo científico concluyente, siguen vigentes en el campo colombiano como una herramienta de organización que combina tradición, observación y experiencia. Para muchos agricultores, mirar al cielo sigue siendo tan importante como revisar la tierra.
Su dirección de correo no será publicada.