Polémica por supuestos seguimientos: crecen dudas sobre uso de inteligencia en campaña
Señalamientos del presidente Gustavo Petro contra el candidato Abelardo de la Espriella desatan un debate nacional sobre posibles interceptaciones y garantías democráticas.
El origen de la controversia está en un mensaje publicado en la red social X, donde el mandatario aseguró tener acceso a informes que vincularían al aspirante presidencial con los hermanos Bautista, empresarios relacionados con la firma Thomas Greg & Sons. Según lo dicho, existiría un presunto intercambio de favores que incluiría beneficios contractuales y apoyo tecnológico para influir en resultados electorales.
Más allá del contenido de la denuncia, la preocupación se centra en la procedencia de la información. El propio presidente mencionó que se trataría de reportes de inteligencia, lo que ha encendido alertas sobre un eventual uso indebido de herramientas del Estado para vigilar a opositores políticos sin orden judicial.
Las reacciones no se hicieron esperar. La periodista Vicky Dávila cuestionó abiertamente si se estarían realizando interceptaciones ilegales, mientras desde distintos sectores políticos se habla de una posible vulneración de derechos fundamentales.
Desde el Congreso, voces como Paloma Valencia han exigido claridad sobre los procedimientos utilizados, advirtiendo que el uso de inteligencia con fines políticos podría constituir una grave falta institucional. En la misma línea, María Fernanda Cabal ha insistido en que, de existir pruebas, estas deben presentarse ante la justicia y no quedarse en el escenario mediático.
El caso también ha generado preocupación por posibles riesgos a la seguridad del candidato mencionado, en medio de un ambiente político que varios líderes califican como tenso y polarizado.
Este episodio se suma a la controversia previa por el contrato de pasaportes, que ha tenido como protagonista a la firma Thomas Greg & Sons y que ya venía generando choques entre el Gobierno y distintos sectores. Ahora, con el ingrediente del supuesto espionaje, el debate escala a un terreno aún más sensible.
Mientras se anuncian posibles acciones legales y llamados a veeduría internacional, el país entra en una nueva fase de discusión sobre los límites del poder, el uso de la inteligencia estatal y las garantías en un escenario preelectoral.
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